¿Saben? Hubo un tiempo en que me afectaba terriblemente cada vez que
la tutora de mi hijo , por aquel entonces de cinco o seis años, me
llamaba para hacerme mil reproches sobre su comportamiento además de
añadir que pasaba solito los recreos porque ningún niño quería jugar
con él.
Nunca entendí el porqué de este comportamiento de sus compañeros. Él
siempre ha sido más inquieto debido a su hiperactividad pero nunca se
ha metido en peleas. Eso sí, desde pequeño, fueron muchos los recreos
que pasó castigado por no terminar su tarea a tiempo y ese detalle,
acompañado de las frecuentes llamadas de atención por parte de sus
profesores en clase, fueron limitando cada vez más sus relaciones en
el cole.
De año a otro, las invitaciones de cumpleaños empezaron a ser cada
vez menos frecuentes aunque yo como madre me esforzara en elegir
regalos especiales para agradecer en parte que mi hijo fuese aceptado
en el grupo.
Realmente nunca supe y aún con los años me sigo preguntando que de
malo tiene mi hijo para que nadie desee ser su amigo.
Miro a los ojos a mi hijo y veo en ellos una gran timidez. A sus doce
años parece avergonzarle que alguien pueda reconocer en él a una gran
persona capaz de disculpar muchas veces esos desplantes por parte de
sus compañeros que le hacen seguir aislado.
Está en el instituto y sé que nada le haría más feliz en este momento
que el poder encontrar un amigo con el que hablar de esas inquietudes
que llegan con la adolescencia. En los recreos, se sienta en un banco
solito fingiendo leer o se camufla en algún rincón del patio.
Pienso que en esta vida, en ocasiones lo diferente por su
singularidad nos produce miedo y quizás nuestros hijos por esta misma
razón tienen tantas dificultades para ser aceptados en un grupo. Son
geniales aunque su TDAH les lleve en multitud de ocasiones al fracaso.
Hace unos días, mandó una carta a un compañero pidiéndole ser su
amigo. Este niño, rompió la carta delante de otros, demostrando así lo
que pensaba de él y de su propuesta de amistad.
¿Tienen ustedes idea de lo duro que puede ser para un niño mendigar
durante toda su infancia que alguien quiera jugar o hablar contigo?
¿Saben? A partir del tema de la carta, cuando por casualidad me enteré
de todo lo que había sucedido, me senté delante de él y le dije que me
daba mucha pena aquel niño que había roto su carta porque él y sólo
él, sería el que más perdería. Mi hijo, espero que con el tiempo pueda
encontrar a personas que realmente quieran conocerlo y compartir con
él sus experiencias, pero ese niño que ha roto su carta va a perder la
oportunidad de tener la amistad de una gran persona.
“ para mi hijo y para todos aquellos niños que siempre han deseado
tener un amigo”
Lola Duque





