«Los hiperactivos sufren de inestabilidad conyugal y suelen tener accidentes»
Albina FERNÁNDEZ
-Muchos trastornos de la personalidad y depresiones en adultos tienen su origen en una hiperactividad que no fue diagnosticada ni tratada en su momento, y que se cronificó provocando graves problemas de conducta que son muy difíciles de tratar si no se indaga en su origen.
-Pero muchos expertos afirman que la hiperactividad sólo afecta a los niños, no a adultos.
-Es verdad que no se reconoce como un trastorno de la vida adulta, y si no se admite no se trata. Yo no estoy de acuerdo y creo que algunos de los trastornos de la personalidad en adultos no lo serían tanto si se hubiese tratado la hiperactividad. De hecho en España hay ahora cinco grupos trabajando sobre este trastorno en adultos (Barcelona, Gijón, Madrid, Pamplona y Valencia), y el Vall d'Ebrón creó la primera unidad hospitalaria.
Luis Ordóñez, psicólogo clínico experto en hiperactividad, natural de Riosa y gijonés de adopción, trabajó durante años con adolescentes problemáticos en Valencia y dirige desde hace diez el centro Alameda de Gijón, en el que trabajan cinco psicólogos, un psiquiatra y una psicopedagoga y que recibe pacientes de diversas comunidades.
-¿Es una enfermedad la hiperactividad?
-En realidad es un trastorno neurológico. La hipótesis más válida es el modelo del doctor Russell Barckey, que establece que hay un déficit de funcionamiento de la corteza prefrontal, que es la responsable de los mecanismos de autocontrol.
-¿Cuáles son los síntomas?
-Imposibilidad para controlar la atención, impulsividad y un movimiento constante.
-¿A qué edad se suele manifestar?
-Cada vez se manifiesta a edades más tempranas, pero no se admite el diagnóstico hasta los 6 años. Entre los 6 y los 8 años es la edad más adecuada porque hay determinados mecanismos de autocontrol que no se establecen de forma natural hasta esa edad, es decir, que es normal que un niño no aguante sentado en una silla durante una hora.
-¿Y cómo se localiza en los adultos?
-Es difícil, pero hay unos elementos comunes. Los hiperactivos, por ejemplo, suelen tener muchos accidentes, cambian frecuentemente de trabajo porque les cuesta centrarse y admitir las normas, sufren de inestabilidad conyugal, son más propensos a caer en adicciones y son muy impulsivos a la hora de tomar decisiones. Además muchos de ellos se dan cuenta de que padecen el trastorno cuando llevan a sus hijos al psicólogo y ven que ellos padecen los mismos problemas. El 4 por ciento de la población adulta sufre de hiperactividad.
-¿Qué papel juegan los padres a la hora de tratar este trastorno?
-Un papel central. Cuando se diagnostica la hiperactividad los padres reaccionan con inquietud. Algunas veces no lo aceptan y como aún se infradiagnostica porque hay pocos profesionales con capacidad para hacerlo y suele haber muchas discrepancias, los padres prefieren quedarse con el diagnóstico más favorable antes que aceptar un desequilibrio crónico. Esto provoca que la situación se alargue y el problema se agudice porque genera ansiedad, trastornos depresivos y fracaso escolar entre otras cosas. Y no hay que olvidar que la hiperactividad es el trastorno más frecuente entre los niños con una tasa del 56 por ciento, es decir, que en cada clase hay un par de niños con este trastorno aunque el diagnóstico sólo es fácil en un 15 por ciento de los casos. En el resto precisa de un trabajo muy elaborado y preciso.
-¿Cómo es el tratamiento?
-Es mixto. Por una parte se hace terapia para enseñar a los padres y a los niños a manejar el problema, teniendo en cuenta que en el 70 por ciento de los casos estos niños serán hiperactivos durante toda su vida; y por otra parte hay unos fármacos de estimulación mental que ayudan porque intervienen en la inhibición de los neurotransmisores. El objetivo último es desarrollar los hábitos de autocontrol.
-¿Son efectivos esos tratamientos?
-Sí, lo son porque el porcentaje de los que pueden hacer una vida normal tras el tratamiento es alto. Lo ideal es combinar el fármaco con la terapia. Hay tratamientos que van por separado, pero no son tan eficaces. Los que son resistentes es porque la hiperactividad va asociada a otro tipo de trastornos mentales.
-¿Puede llevar la hiperactividad a otras enfermedades mentales?
-No, no hay ninguna relación entre la hiperactividad y las enfermedades mentales, al menos no hay constancia de que sea así.
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