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Asociación
Malagueña de
Adultos y
Niños con
Déficit de 
Atención / hiperactividad

 

"La hiperactividad no es un trastorno social ni familiar, sino genético y neurológico" PDF Imprimir
MADRID (Diario El País). Lleva más de 30 años estudiando el trastorno
por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Rusell Barkley,
psiquiatra de la Universidad de Siracusa, en Estados Unidos, considera
fundamental terminar con las falsas creencias en torno a esta
patología, que afecta al 5% de la población infantil. Creer que se
trata de una simple alteración de la conducta o un trastorno social es
una aproximación ´muy superficial´, afirma. ´No podemos proponer
tratamientos dirigidos sólo al comportamiento; estas personas sufren
un trastorno biológico, que no se cura con una terapia comportamental
´. Se debe a una lesión durante el desarrollo cerebral del área
´encargada del autocontrol´, explica Barkley.
Pregunta. ¿Qué papel tiene el ambiente en la aparición del TDAH?
Respuesta. Desafortunadamente, se asume que si un niño es hiperactivo,
la responsabilidad es de los padres por la forma en la que le han
educado. Se piensa que, cuando nacen, están vacíos, y todo lo que
hacen o dicen proviene de sus padres. Ahora, afortunadamente, ya
sabemos que no es así. Sin embargo, la población continúa pensando lo
contrario. Por eso se preguntan, ¿por qué dar fármacos para tratar un
problema familiar? Pero es que el TDAH no es un problema de
comportamiento, ni de educación, ni social, ni familiar. Existen
razones genéticas y neurológicas. Lo saben los científicos, pero no la
sociedad, que sigue pensando que es un trastorno social. Y esto es lo
que tenemos que cambiar.
P. ¿Puede explicar exactamente qué es el TDAH?
R. Es una enfermedad con causas genéticas y neurológicas. Las personas
con TDAH tienen alteradas sus habilidades ejecutivas, es decir, la
capacidad de inhibir, de tener memoria ejecutiva o de recordar lo que
se tiene que hacer. También les cuesta razonar, controlar las
emociones y hacer planes. Estas cinco habilidades están deterioradas
en las personas con TDAH, tanto en los niños como en los adultos. Y su
impacto es mucho mayor que una simple hiperactividad.
P. ¿Cuáles son las causas?
R. Es imposible que un niño sano sufra TDAH simplemente con la
exposición a situaciones adversas. Hay dos áreas biológicas
implicadas: la neurología y la genética. Hace un año se publicó un
estudio con niños con TDAH para averiguar las posibles causas.
Concluía que un tercio de los niños analizados desarrollaron el
trastorno debido a lesiones cerebrales ocasionadas, en su gran
mayoría, durante el embarazo. Por otra parte, casi el 65% de los casos
eran hereditarios. Empezamos a conocer en qué zona del cerebro se
genera la patología y qué genes están implicados. No los hemos
identificado todos, sólo hemos localizado 5 pero creemos que hay unos
20 implicados. También disponemos de información sobre las conexiones
cerebrales implicadas en esta enfermedad y estamos empezando a
estudiar las neuronas para averiguar por qué no se comportan
correctamente.
P. ¿Pero el componente social puede ser un desencadenante o no?
R. Los aspectos sociales son muy importantes por distintas razones:
determinan si además se van a sufrir otros trastornos. Casi el 80% de
los niños y adultos con TDAH tienen otra patología concomitante. Un
gran número de ellos, el 65%, padece trastorno oposicional desafiante,
que los convierte en agresivos; otros, el 20%, son antisociales y
consumen drogas, usan armas... El 25% de los niños con TDAH sufren
trastornos de ansiedad, y algunos de ellos padecerán depresión. El 50%
o más presentan, además, problemas de aprendizaje. Al mismo tiempo, el
entorno domiciliario determina el impacto del TDAH. Si un niño tiene
unos padres muy ansiosos, estresados o depresivos el niño también lo
será. Es decir, el entorno no produce el trastorno, pero influye en la
situación.
P. Ha hecho referencia al carácter hereditario del TDAH. ¿Hay muchos
padres sin diagnosticar?
R. Se cree que el 25-35% de los padres están sin diagnosticar. Muchas
veces se diagnostica primero al niño y luego a sus padres. Es tan
común que en EE UU recomendamos que cuando un niño acude a un centro
para el diagnóstico del TDAH se haga un cribado en los padres. Es muy
importante diagnosticar y tratar también a los padres porque si no,
pueden dificultar el tratamiento de su hijo.
P. ¿Qué papel tienen los padres?
R. El primer paso es educarlos para que sepan qué es el TDAH, qué
riesgos supone y qué tratamientos hay. Es muy importante que conozcan
el curso del trastorno porque en el 65% de los casos serán adultos
hiperactivos. Su misión debe ser preparar a estos futuros adultos
hiperactivos. Es necesario ajustar el entorno e involucrar también a
los maestros en el colegio.
P. ¿Se debe medicar?
R. Depende. Es posible que entre el 60% y el 80% de los pacientes con
TDAH deban recibir fármacos. En el resto no haría falta porque no hay
patologías concomitantes y tienen un entorno adecuado, tanto en casa
como en el colegio. Pero la pregunta es más compleja. El deterioro
cognitivo y comportamental puede desencadenar múltiples consecuencias.
Puede darse fracaso escolar, aislamiento social, abusos por parte de
otras personas, consumo de drogas y problemas en el trabajo o
económicos. En EE UU, el 40% de estos niños tienen un hijo antes de
cumplir los 15 años. Por eso se recomienda que el tratamiento
farmacológico se use siempre que sea necesario. Con los tratamientos,
al menos en Estados Unidos, hay muchos temores. Sólo entre el 40% y el
60% de los niños diagnosticados están medicados, cifra que es mucho
más baja en los adultos, apenas el 10%.
P. ¿Qué ocurre con los niños con TDAH que se convierten en adultos
hiperactivos?
R. Es difícil predecir el curso de la enfermedad. Lo que sí sabemos es
que interfiere en la educación, la etapa más importante de la vida de
cualquier persona. Un tercio no acaba sus estudios, lo que compromete
las opciones de trabajo futuras. Muchos se convierten en personas
antisociales, con conductas agresivas y peligrosas y con serias
dificultades para establecer relaciones con otras personas. Tienen
problemas económicos, en el trabajo, con la vivienda. El trastorno
interviene en todas las áreas de su vida porque carecen de
autocontrol, del sentido del tiempo. Necesitan un entorno con personas
y trabajos muy organizados.
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